La inteligencia artificial está en todas partes, ¿pero dónde están los resultados?

Llevamos meses, incluso años, escuchando que la inteligencia artificial va a cambiarlo todo. Que aumentará la productividad, que hará a las empresas más eficientes y que transformará el mercado laboral. Sin embargo, cuando uno baja del discurso al dato frío, la promesa no termina de materializarse.

Esta idea no es nueva. De hecho, recuerda mucho a lo que ocurrió con los ordenadores personales. Estaban en todas las oficinas, pero la productividad no se disparó como muchos esperaban. Ahora, con la IA, parece que estamos viviendo una historia bastante parecida.

¿Qué dicen los datos de productividad?

JP Gownder, analista principal de Forrester, lo resume de forma bastante clara: no hay evidencia sólida de que la IA esté impulsando la productividad a gran escala.

Si miramos los datos históricos de Estados Unidos, la cosa llama la atención:

Es decir, más tecnología, pero menos crecimiento de la productividad. Esto rompe bastante el relato habitual de que cada gran avance tecnológico trae automáticamente más eficiencia.

¿Estamos ante la paradoja de Solow versión IA?

En los años 80, el economista Robert Solow lanzó una frase que se ha convertido en un clásico: “Los efectos de la revolución informática se ven en todas partes, excepto en las estadísticas de productividad”. A esto se le conoce como la paradoja de Solow.

Hoy, con la inteligencia artificial, el patrón se repite. La usamos para redactar textos, programar, analizar datos o generar imágenes, pero ese uso masivo no se refleja aún en los números macroeconómicos.

La tecnología está ahí, sí, pero su impacto real es más lento, más desigual y mucho menos lineal de lo que suele venderse.

¿La IA está destruyendo empleo de forma masiva?

Aquí conviene separar ruido de realidad. Según los estudios de Forrester, la IA podría afectar a alrededor del 6 % de los empleos de aquí a 2030, unos 10 millones de puestos de trabajo. No es poco, pero tampoco es el apocalipsis laboral que algunos anuncian.

Además, hay un matiz importante: los trabajos que desaparecen por automatización no suelen volver. No es un ajuste temporal, sino estructural. Una vez una tarea es sustituida de forma eficiente, no hay marcha atrás.

Eso sí, hoy por hoy, no estamos viendo una oleada de despidos directamente atribuible a la IA.

¿Cuántos despidos “por IA” son en realidad otra cosa?

Muchas empresas están justificando recortes de plantilla bajo el paraguas de la inteligencia artificial, pero la realidad es más prosaica. En muchos casos se trata de decisiones financieras, recortes de costes o ajustes tras años de crecimiento acelerado.

El razonamiento suele ser este: “paramos contrataciones y ya veremos si la IA puede cubrir ese trabajo”. Es una especie de mercado laboral congelado, sobre todo en empleos de oficina. Pero congelar no es lo mismo que sustituir.

Y hay un detalle clave: el trabajo sigue existiendo. Si la IA no cumple lo prometido, alguien tendrá que hacerlo. O se contrata de nuevo, o se busca otra solución.

¿Por qué no despega la productividad con IA?

Hay varias razones claras:

La tecnología funciona bien en demos y casos muy concretos, pero llevarla al día a día de una gran organización es otra historia.

¿IA o deslocalización encubierta?

Otro punto incómodo del debate es que algunos despidos atribuidos a la IA esconden otra realidad más antigua: la externalización. Se despide en un país caro y se contrata en otro donde la mano de obra es más barata.

Esto ya ocurrió con la industria y ahora se repite con trabajos de oficina. La IA sirve, en ocasiones, como relato justificativo, pero el motor real sigue siendo el coste.

Entonces, ¿qué podemos esperar a corto plazo?

La inteligencia artificial no es humo, pero tampoco magia. No va a multiplicar la productividad de la noche a la mañana, ni a destruir todo el empleo en pocos años.

Lo más probable es un escenario gradual:

Tal como lo veo yo, necesitamos menos hype y más realidad. La IA está aquí y se va a quedar, pero conviene bajar el volumen del entusiasmo. La historia nos dice que la tecnología tarda en traducirse en productividad real, y que el impacto suele ser más complejo de lo que parece en los titulares.

Quizá dentro de unos años hablemos de un antes y un después. De momento, lo que tenemos es una herramienta potente, muchas expectativas… y unos datos que, por ahora, siguen sin acompañar.


Publicado el 20/01/2026 / 4 minutos de lectura / Inteligencia Artificial