China vs. Estados Unidos, quién va ganando la carrera de la IA
Si la pregunta es “¿quién va ganando la carrera de la IA?”, la respuesta honesta es: depende de qué estés midiendo. Estados Unidos y China están corriendo dos carreras distintas, con reglas distintas, y comparar sus cifras sin ese matiz lleva a titulares equivocados en ambas direcciones.
El punto de partida: China, sin los mejores chips
Desde 2018, Estados Unidos ha ido endureciendo las restricciones a la exportación de chips avanzados y del software necesario para diseñarlos, con el objetivo explícito de frenar el acceso chino a la tecnología de semiconductores más puntera. En 2026 esa presión sigue subiendo: las restricciones sobre el chip H20 de Nvidia le han costado a la propia compañía 4.500 millones de dólares en exceso de inventario en un solo trimestre.
China respondió, previsiblemente, no rindiéndose sino cambiando de estrategia: inversión masiva en chips propios, optimización de algoritmos para compensar el hardware más limitado, y construcción de un ecosistema tecnológico lo más independiente posible de proveedores occidentales.
DeepSeek, el síntoma de esa estrategia
El caso más citado de esa respuesta es DeepSeek, cuyos modelos han conseguido resultados comparables a los mejores modelos estadounidenses con un coste de desarrollo y de uso muy inferior. Y no es un caso aislado: China ha apostado con fuerza por los modelos de código abierto, algo que ya explicamos en nuestro glosario de inteligencia artificial, como palanca competitiva. Publicar los pesos de un modelo abierto permite que cualquier empresa, dentro o fuera de China, lo adopte, lo adapte y lo despliegue sin depender de una API extranjera de pago.
En mayo de 2026, además, nueve chips de IA chinos —de Huawei, Alibaba, Shanghai Biren y Moore Threads— superaron las revisiones de seguridad nacional que les habilitan para usarse en sectores sensibles del propio país. La sustitución de Nvidia y AMD por proveedores nacionales avanza más rápido de lo que muchos analistas anticipaban hace un par de años.
El plan de los 295.000 millones de dólares
El movimiento más ambicioso de China en 2026 es un plan estatal, liderado por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), que reserva 2 billones de yuanes (unos 295.000 millones de dólares) para infraestructura de IA durante los próximos cinco años. El plan contempla una red nacional de centros de datos interconectados, con China Mobile y China Telecom construyendo la infraestructura física, y el objetivo de tenerlo todo unificado para 2028.
Un detalle no menor: el borrador exige que al menos el 80% de la tecnología, incluidos los procesadores de IA, provenga de proveedores locales como Huawei. En la práctica, esto excluye por diseño a Nvidia y AMD de los presupuestos estatales chinos.
La escala real de la inversión
Aquí es donde conviene poner los números en perspectiva. Los 295.000 millones de dólares del plan chino son una cifra enorme para cualquier estándar histórico, pero Meta, Microsoft y el resto de grandes tecnológicas estadounidenses van a destinar 725.000 millones de dólares solo en 2026 a inversión en IA, según estimaciones del sector. Es decir: Estados Unidos sigue gastando bastante más que China, aunque de forma muy distinta —capital privado, competitivo y descentralizado, frente a planificación estatal y centralizada—, algo que ya vimos al comparar el enfoque de EE. UU. con el europeo en nuestro análisis del Presidential AI Challenge frente a las iniciativas europeas.
Entonces, ¿quién va ganando?
Depende de la métrica:
- En innovación de frontera y diseño de semiconductores, Estados Unidos sigue por delante, y por un margen considerable.
- En coste-eficiencia, modelos abiertos, política industrial y despliegue real en manufactura y software empresarial, China ha convertido sus limitaciones en una ventaja competitiva difícil de ignorar.
No es una carrera con un único ganador, es una carrera con dos filosofías compitiendo al mismo tiempo: la apuesta estadounidense por seguir empujando el límite de lo posible, y la apuesta china por hacer casi lo mismo, mucho más barato y mucho más desplegado.
Europa, mirando desde fuera
Mientras esto ocurre, Europa observa la partida desde una posición incómoda: sin los chips de Estados Unidos ni la escala estatal de China, apostando por la regulación como diferencial, algo que ya analizamos al hablar del Reglamento Europeo de IA (AI Act) y de la carrera europea por liderar la inteligencia artificial. Como recuerda José María Lassalle, la pregunta de fondo para Europa no es solo si puede competir en esta carrera, sino si quiere definir su propio modelo o limitarse a elegir bando entre los otros dos corredores.