Por qué España tiene la luz más barata de Europa y la factura más cara

Esta es una de esas paradojas que, una vez que la entiendes, cambia por completo cómo lees tu factura de la luz: España produce electricidad más barata que Alemania, Francia o el Reino Unido, y aun así paga una de las facturas eléctricas más caras de toda Europa. No son datos contradictorios, son la misma historia contada desde dos puntos distintos de la cadena.

Lo que pasó en 2025

El precio de la luz subió con fuerza el año pasado: +9,4% en el mercado mayorista y +14,3% en la factura tipo, en parte porque el IVA volvió al tipo general del 21% y en parte por una menor aportación renovable en algunos meses. Según datos de FACUA, la factura media anual alcanzó los 976 euros, un 15,5% más que el año anterior.

Para 2026, sin embargo, la tendencia apunta a la baja: se espera una caída del 16% en el mercado mayorista, hasta los 54-55 €/MWh, gracias a más generación renovable y un gas más barato. La luz, como casi todo lo relacionado con energía, se mueve en ciclos.

La paradoja: barata al por mayor, cara en tu factura

Aquí está el dato que de verdad explica el titular. En el mercado mayorista, España está entre los países más baratos de Europa: en septiembre de 2025, el precio medio fue de 21,77 céntimos de euro por kWh, muy por debajo de los 40,35 céntimos de Alemania, los 34,65 del Reino Unido o los 25,24 de Francia. El motivo es el éxito de la transición renovable española, con la fotovoltaica (21,3%) y la eólica (20,6%) liderando el mix energético nacional.

Pero cuando miramos la factura que paga el consumidor final, España aparece como el noveno país con la factura eléctrica más cara de Europa, según Eurostat, por delante incluso de Portugal. La razón: de cada euro que pagas, solo entre 0,35 y 0,40 euros corresponden a electricidad de verdad. El resto es IVA, impuesto eléctrico, peajes y cargos regulados, que multiplican el precio base entre un 200% y un 300% antes de llegar a tu recibo. España genera la energía más barata del continente y luego se la grava como si fuera de las más caras.

Un sistema que intenta ser menos volátil

Desde el 1 de enero de 2024, el cálculo del PVPC (la tarifa regulada) incorpora progresivamente contratos de futuros eléctricos, para amortiguar los picos de precio: un 25% en 2024, un 40% en 2025 y un 55% en 2026. Además, desde el 30 de septiembre de 2025 el PVPC pasó de publicar 24 precios diarios a 96 precios cuartihorarios, alineando a España con el resto de mercados europeos y dando más margen para ajustar el consumo a las horas más baratas.

La nueva presión: los centros de datos de IA

Justo cuando el mercado empezaba a estabilizarse, aparece un actor nuevo que puede volver a tensionarlo: los centros de datos dedicados a inteligencia artificial. El consumo eléctrico mundial de centros de datos podría pasar de 485 teravatios/hora en 2025 a 950 en 2030 (un 3% de toda la demanda eléctrica mundial), y solo en 2025 el consumo de los centros específicamente orientados a IA creció un 50%. Un centro de datos tradicional consume entre 10 y 25 MW; uno de IA puede superar los 100 MW.

El problema no es solo el volumen, es la velocidad: estos centros pueden generar variaciones muy rápidas en su demanda, algo especialmente delicado en un sistema eléctrico como el español, con una proporción tan alta de renovables. Ya hablamos de esa fragilidad al analizar el gran apagón eléctrico de España de abril de 2025, y del auge inversor de estas instalaciones en nuestro análisis sobre inversión, burbujas y consumo eléctrico en los centros de datos. Ahora se suma una variable más: si esta nueva demanda no se coordina bien con la capacidad de la red, el mismo país que hoy presume de energía barata podría acabar compitiendo consigo mismo por ella.

Una factura que depende más de la política que de la física

El precio de la luz en España nunca ha sido solo una cuestión de generación y demanda, sino también de cuánto IVA se cobra, cuántos peajes se acumulan y qué prioridades energéticas fija cada Gobierno, algo que ya se puso sobre la mesa cuando cada partido defendió su propio modelo energético tras el apagón. Mientras esa parte regulatoria de la factura siga pesando más que la electricidad en sí, España seguirá teniendo la paradoja de producir la energía más barata de Europa y facturarla como si fuera de las más caras. Y con los centros de datos de IA llamando a la puerta de la red eléctrica, esa ecuación está a punto de complicarse todavía más.


Publicado el 10/09/2026 / 4 minutos de lectura / Análisis