El SMI camino a 2027, qué deja la subida de 2026 y qué se juega en la negociación
El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 2026 ya está en vigor —1.221 euros mensuales en 14 pagas, un 3,1% más que en 2025—, pero la conversación ya ha pasado a la siguiente subida. Con la inflación repuntando y la negociación de 2027 recién arrancada, conviene separar lo que ya sabemos de lo que todavía es pura negociación. Este debate conecta directamente con lo que ya analizamos sobre las pensiones frente al SMI y el impacto económico del salario mínimo.
El dato que cambia el marco de todo el debate
Aquí está el titular que más debería condicionar cualquier análisis futuro sobre el SMI: según el INE, el salario mínimo se ha convertido en el sueldo más frecuente en España. El SMI ha subido un 66% desde 2018, cuando estaba en 735,9 euros, hasta los 1.221 euros actuales, y ya supera el 60% de los salarios medios en varias comunidades autónomas, según el economista Miguel Ángel García. Esto no es un matiz técnico: significa que el SMI ha dejado de ser un suelo que protege a una minoría de trabajadores para convertirse en el salario de referencia de una parte muy significativa del mercado laboral, comprimiendo hacia abajo toda la estructura salarial que había por encima de él.
Lo que dicen los estudios de impacto en el empleo
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) calcula que las subidas del SMI han restado hasta 150.000 empleos acumulados en España, con un impacto especialmente concentrado en 2023, cuando se dejaron de crear hasta 85.000 puestos de trabajo por este motivo. El efecto se concentra, según la propia AIReF, en jóvenes y trabajadores con contratos temporales, el mismo perfil que ya identificamos como el más expuesto en nuestro análisis anterior del impacto económico del SMI.
El matiz importante —y el que suele desaparecer en el debate político— es que tanto la AIReF como el Banco de España coinciden en que el impacto neto sobre el conjunto de la economía es limitado, aunque ligeramente positivo: el empleo directo que se pierde en algunos segmentos se compensa, en parte, con el mayor consumo de quienes ganan más. Pero ambos organismos han empezado a alertar, en julio de 2026, de un desequilibrio creciente entre salarios y productividad, justo el argumento que la CEOE usa para pedir moderación en la próxima subida.
La negociación de 2027, con la inflación como telón de fondo
El contexto que ha reabierto la discusión es el repunte de la inflación hasta el 4,3% en agosto de 2026, la cifra más alta desde febrero de 2023, muy por encima del 3,1% que subió el SMI ese mismo año. El Gobierno ha cerrado la puerta a una subida extra dentro de 2026, pero el secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, ha confirmado que ve “con preocupación” la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y que la negociación de 2027 tendrá en cuenta ese repunte de precios, algo que enlaza directamente con la evolución del poder adquisitivo de los españoles de los últimos años.
El proceso, como en años anteriores, seguirá el mismo camino: primero se reúne la comisión de expertos, después se abre la mesa de diálogo social con sindicatos y patronal, y la decisión final la toma el Gobierno por real decreto ley si no hay acuerdo entre las partes. Las posiciones de partida ya están muy alejadas: CCOO y UGT han trasladado a la CEOE una propuesta de gran pacto salarial, mientras que la patronal considera que el SMI ya ha superado su objetivo de situarse en el 60% del salario medio marcado por la Carta Social Europea, y avisa de que seguir subiéndolo puede poner en riesgo la creación de empleo. La negociación del convenio salarial general (el V AENC, para el periodo 2023-2025) sigue estancada durante todo 2026, y los incrementos salariales pactados en convenio en julio de ese año promediaron un 3,02%, por debajo de la inflación del momento. Los sindicatos ya han avisado de movilizaciones si la mesa de diálogo social no se convoca antes de que acabe el año.
Por qué esta vez el debate pesa más que en años anteriores
Las subidas del SMI de 2019 a 2025 partían de una base más baja y afectaban a un porcentaje menor de la masa salarial total. La diferencia ahora es que, al haberse convertido en el salario más frecuente del país, cualquier movimiento del SMI arrastra directamente a millones de nóminas que están ancladas a él o muy cerca, no solo a quienes cobran exactamente esa cifra. Eso multiplica tanto el efecto social (más poder adquisitivo protegido frente a la inflación) como el efecto sobre el coste laboral de las pequeñas empresas y autónomos, un colectivo que ya viene acusando la presión de subidas de costes en los últimos años, como vimos al analizar la evolución de los autónomos en España.
Una negociación que todavía no tiene número, pero ya tiene bando
A fecha de hoy no hay una cifra oficial para el SMI de 2027: solo hay una comisión de expertos por reunirse, una mesa de diálogo social por convocar, y dos posiciones ya blindadas antes de sentarse a hablar. Lo que sí es seguro es que el resultado de esa negociación ya no es un ajuste técnico menor, sino una decisión que determina, de facto, el nivel salarial de referencia de una parte creciente del mercado laboral español. Cuanto más se acerque el SMI al salario medio, más se parecerá esta negociación anual a fijar la política salarial del país entero, no solo su suelo.