España y el pulso del 5% de la OTAN

En junio de 2025, España firmó un acuerdo histórico en la cumbre de la OTAN. Y, prácticamente en la misma rueda de prensa, su presidente dijo que no pensaba cumplirlo del todo. Esa contradicción, más que cualquier cifra concreta, es lo que mejor resume el pulso que sigue abierto entre España y la Alianza Atlántica.

El punto de partida: el 2% ya cumplido

España alcanzó en 2025 el objetivo histórico de la OTAN del 2% del PIB en gasto militar, un umbral que llevaba años siendo el estándar de referencia para los países aliados. El presupuesto de Defensa español ya supera los 34.000 millones de euros, y para 2026 el Ministerio de Defensa prevé mantener ese mismo porcentaje del PIB, lo que en términos absolutos supondrá un nuevo aumento del gasto gracias al crecimiento de la economía.

Un dato que matiza el relato de “España gasta poco”: el país destina el 44% de su presupuesto de Defensa a armamento y nuevo equipamiento, el doble del objetivo fijado por la propia OTAN para esta partida. España gasta menos en proporción al PIB, pero no necesariamente peor en cómo reparte lo que gasta.

La cumbre de La Haya: el salto al 5%

El verdadero punto de inflexión llegó en la cumbre de la OTAN en La Haya, celebrada el 24 y 25 de junio de 2025. Los 32 países miembros, incluida España, se comprometieron a elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2035, una cifra impulsada directamente por la presión del presidente estadounidense Donald Trump y presentada, oficialmente, sin excepciones.

Ese 5% no es un bloque homogéneo: se reparte, según el acuerdo, entre un núcleo de gasto militar puro y una parte más amplia de inversión en seguridad en sentido extenso (infraestructuras, ciberseguridad, resiliencia). Aun así, supone más del doble de lo que la mayoría de aliados europeos, España incluida, invertía hasta entonces.

La singularidad española: firmar y matizar a la vez

Aquí está la parte más peculiar del episodio. Pedro Sánchez firmó el acuerdo de La Haya, pero en la rueda de prensa posterior insistió en que España solo necesitaría invertir un 2,1% del PIB para cumplir con sus compromisos militares, según estimaciones técnicas de las propias Fuerzas Armadas españolas. Su argumento: lo relevante no es el porcentaje en sí, sino alcanzar unas capacidades militares concretas, y España podría lograrlas gastando bastante menos que el 5% pactado.

El problema es que esa lectura no la comparte la propia OTAN. El secretario general, Mark Rutte, negó públicamente que España hubiera recibido ninguna cláusula de exclusión, y señaló que, según los cálculos de la Alianza, España necesitaría invertir en torno al 3,5% del PIB para cumplir realmente con los requisitos militares acordados. Es decir: hay un desacuerdo abierto sobre si existe o no una excepción española, y ese desacuerdo sigue sin resolverse formalmente.

La reacción internacional

El episodio colocó a España en el centro de la controversia dentro de la Alianza. Mientras el resto de socios asumía el compromiso del 5% sin matices públicos, España quedó señalada como el país que firmó y, acto seguido, anunció que no pensaba llegar a esa cifra. La tensión con Washington, ya de por sí sensible en la relación con la administración Trump, se agravó como consecuencia directa de este pulso.

Por qué la OTAN ha subido tanto el listón

El salto del 2% al 5% no ocurre en el vacío: responde a una percepción de amenaza creciente, principalmente vinculada a Rusia, en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica que ya recogimos en nuestro Índice de Incertidumbre Mundial. Es también el telón de fondo de fenómenos que hemos analizado por separado, como el papel creciente de las guerras con drones en los conflictos bélicos modernos o la transformación digital de la guerra moderna con IA, dos ámbitos donde la inversión en defensa ya no se mide solo en tanques y soldados.

Cómo se compara España con sus socios europeos

Este debate sobre el porcentaje exacto conecta directamente con lo que ya vimos al analizar las Fuerzas Armadas españolas frente al resto de la Unión Europea: España parte de una posición estructuralmente más baja en gasto militar relativo que buena parte de sus socios, un punto de partida que hace que cualquier objetivo común —sea el 2%, el 3,5% o el 5%— le exija un esfuerzo proporcionalmente mayor que a países que ya venían gastando más.

Un acuerdo firmado, un cumplimiento por ver

Lo que queda claro de este episodio es que España ha optado por una vía poco habitual dentro de la OTAN: aceptar el marco general del acuerdo mientras defiende públicamente una interpretación propia y más moderada de lo que le corresponde cumplir. Si esa ambigüedad se sostiene hasta 2035 sin fricciones mayores, o si termina forzando una revisión formal de lo pactado en La Haya, es todavía una pregunta abierta.


Publicado el 10/09/2026 / 4 minutos de lectura / Europa