Por qué cada vez escribimos y leemos frases más cortas
La longitud de las frases en los libros más vendidos ha caído casi un 30% desde 1930. Puede parecer un simple cambio de estilo, pero quizá dice mucho más sobre cómo leemos, pensamos y debatimos hoy.
Según un análisis muy simple de The Economist se ha constatado que desde 1930, las frases en los best sellers se han acortado casi un 30%. Antes era habitual encontrar oraciones de más de 20 palabras. Hoy lo normal es rondar las 14 palabras por frase.
Puede parecer una simple evolución del estilo. Pero cuando miras el fenómeno con algo más de perspectiva, empiezan a aparecer preguntas interesantes.
¿Por qué las frases se están haciendo más cortas?
La explicación más sencilla es que los hábitos de lectura han cambiado. Hoy consumimos información de forma muy distinta a como lo hacíamos hace décadas:
- Leemos más en pantallas.
- Saltamos entre textos constantemente.
- Dedicamos menos tiempo a la lectura profunda.
- Estamos rodeados de estímulos rápidos.
En este escenario, los textos tienden a adaptarse al lector. Y el lector actual prefiere frases más cortas, más directas y más fáciles de procesar. No es necesariamente algo negativo. La claridad también es una virtud. Muchos textos académicos o institucionales del pasado eran innecesariamente complejos (seguro que en esto estamos todos bastante de acuerdo).
Pero el cambio no se queda solo en la literatura.
¿Está pasando lo mismo en la política y el discurso público?
Curiosamente, varios estudios han detectado la misma tendencia en otros ámbitos del lenguaje.
Por ejemplo:
- Discursos parlamentarios
- Textos políticos
- Intervenciones públicas
Con el paso del tiempo, estos textos también han perdido complejidad sintáctica. Las frases son más cortas. Los argumentos suelen simplificarse. Y los matices aparecen con menos frecuencia. ¿Quizá para impactar y calar mejor en el público objetivo?
Esto tiene implicaciones importantes, sobre todo cuando hablamos de debates públicos, campañas o elecciones.
Porque entender una propuesta política no siempre es sencillo. Muchas decisiones implican múltiples variables, efectos a medio y largo plazo e impactos indirectos. Y explicar todo eso requiere cierto nivel de complejidad.
¿Puede afectar esto a nuestra forma de pensar?
Aquí es donde el tema se vuelve más interesante.
Leer textos complejos no solo transmite información. También entrena determinadas habilidades cognitivas:
- Seguir argumentos largos
- Conectar ideas entre sí
- Manejar matices
- Pensar de forma secuencial
Cuando las frases son más largas y las estructuras más elaboradas, el cerebro tiene que mantener más piezas en juego al mismo tiempo. Curiosamente, un fenómeno parecido se observa en el ámbito académico: nuestro análisis sobre cómo la IA está cambiando la educación online muestra que los ensayos de estudiantes son ahora más largos pero con menos variedad léxica desde la llegada de ChatGPT.
En cambio, los textos muy simplificados tienden a favorecer:
- Mensajes rápidos
- Ideas aisladas
- Conclusiones inmediatas
Esto encaja muy bien con el ecosistema actual de redes sociales, titulares rápidos y contenido breve. Pero puede dificultar la comprensión de problemas complejos.
¿Significa esto que estamos pensando peor?
No necesariamente. Pero sí podría significar que estamos entrenando menos ciertas capacidades. Y esto para las generaciones futuras podría ser tremendamente perjudicial. Es parecido a lo que ocurre con el ejercicio físico. Si siempre haces entrenamientos muy suaves, tu cuerpo se adapta… pero pierde capacidad para esfuerzos más intensos.
Con la lectura pasa algo parecido. Si todo lo que consumimos son textos muy simplificados, cada vez cuesta más enfrentarse a textos densos o argumentos largos.
Y eso tiene consecuencias, sobre todo en temas donde los matices importan como economía, política pública, tecnología, regulación o ciencia, entre otras áreas.
¿Estamos perdiendo profundidad en el debate público?
Cuando el lenguaje se simplifica demasiado, el debate también tiende a simplificarse.
Las ideas complejas tienden a comprimirse en eslóganes. Los argumentos largos se sustituyen por frases cortas y contundentes. Y los matices muchas veces desaparecen. Es el mismo terreno fértil que exploraba el experimento de la hipnocracia, donde la simplificación del discurso se convertía en una herramienta de manipulación de la percepción colectiva.
Esto no significa que antes todo fuera mejor. Pero sí plantea una cuestión interesante:
¿hasta qué punto el formato de la información condiciona nuestra forma de pensar?
Si todo se presenta como contenido rápido y fácil de consumir, es lógico que acabemos pensando también en formatos más cortos y simples.
Echo de menos las argucias y comentarios rápidos de los políticos de antaño. Os dejo este vídeo de algunos de los mejores momentos del Presidente Ronald Reagan. Es una pasada.
¿Qué podemos hacer como lectores?
La buena noticia es que esto tiene una solución bastante sencilla. No se trata de rechazar los textos breves. Muchas veces son la mejor forma de comunicar una idea.
Pero sí conviene mantener cierto equilibrio. Os dejo mis recomendaciones:
- Leer libros largos de vez en cuando
- Dedicar tiempo a textos más densos
- Seguir artículos que desarrollen argumentos completos
En otras palabras, no renunciar del todo a la lectura profunda.
Porque leer de forma exigente no solo sirve para informarse. También es una forma de entrenar la mente, un ejercicio que conecta con lo que en otros ámbitos organizativos llamamos truth coping: la capacidad de sostener la complejidad de la realidad sin refugiarse en atajos cómodos.
Una pregunta interesante para terminar
La reducción de la complejidad en los textos más populares no es un fenómeno aislado. Está conectada con cambios tecnológicos, culturales y sociales mucho más amplios. Vivimos en un mundo lleno de mensajes breves, notificaciones constantes y estímulos rápidos. En ese entorno, la pregunta que queda flotando es sencilla pero importante:
si cada vez leemos frases más cortas, ¿acabaremos pensando también en frases más cortas?
Da para pensarlo, aunque espero que no lleguemos a ello.