Sanidad pública vs. privada en España

En España pagamos la sanidad dos veces si nos lo podemos permitir: una a través de los impuestos, y otra, cada vez más gente, a través de un seguro privado. Y no es una percepción. Los datos muestran un trasvase real y sostenido hacia la sanidad privada, incluso mientras el gasto público en sanidad sigue creciendo.

¿Cuánto pesa cada sanidad en España?

El gasto sanitario total en España representa en torno al 9,7% del PIB, de los que aproximadamente un 7,2% es gasto público y un 2,5% gasto privado. En términos de financiación, el reparto queda en un 74% público y 26% privado, según los últimos datos del Observatorio del Sector 2025 recogidos por iSanidad. El gasto sanitario privado ya alcanza los 34.056 millones de euros, una cifra que sitúa a España por encima de la media de la OCDE en peso del sector privado (2,52% del PIB frente al 2,2% de media).

El gasto público, por su parte, ha crecido hasta el 7,2% del PIB, aunque según FEFE sigue por debajo del 8,9% de media de la eurozona. Es decir: España gasta menos en sanidad pública que sus vecinos europeos, y al mismo tiempo sostiene un sector privado por encima de la media. Dos datos que, juntos, explican bastante bien lo que está pasando.

El seguro privado ya no es solo cosa de rentas altas

Según ICEA, a mitad de 2025 el ramo de salud contaba con 14,3 millones de asegurados en España, frente a los 13,89 millones de cierre de 2024: un crecimiento interanual del 2,89%. El volumen de primas creció todavía más rápido, un 11,8%, hasta los 6.772 millones de euros. Da igual qué fuente se consulte: todas coinciden en la misma tendencia sostenida al alza desde hace varios años.

¿Por qué crece tanto? La explicación que se repite en la mayoría de reportajes sobre el tema, como el de El Confidencial Digital, es directa: las listas de espera en la sanidad pública están empujando a la gente hacia la privada. No para sustituir el sistema público (que la mayoría sigue usando y pagando vía impuestos), sino para complementarlo en lo que más urge: ver a un especialista rápido, hacerse una prueba diagnóstica sin esperar meses.

El caso MUFACE: cuando el propio Estado paga la privada

Hay un colectivo donde este trasvase no es una tendencia, es la norma desde hace décadas: los funcionarios del Estado. A través de mutualidades administrativas como MUFACE, MUGEJU o ISFAS, funcionarios civiles, jueces y militares pueden elegir cada año entre sanidad pública o privada, con la misma cobertura financiada por el Estado.

Más de 1,6 millones de funcionarios optaron por la sanidad privada a través de MUFACE en 2024, según ConSalud. Es la prueba más clara de que, cuando a un ciudadano español se le da a elegir gratis entre ambas, una parte muy mayoritaria elige la privada. El propio modelo, sin embargo, está bajo tensión: en 2025 varios grupos hospitalarios y cuadros médicos se han visto recortados en los nuevos conciertos con las aseguradoras, lo que ha generado quejas de mutualistas que ven cómo su cobertura se reduce sin que ellos hayan cambiado de opción.

Una tensión que conecta con otros problemas ya conocidos

Este trasvase hacia la sanidad privada no ocurre en el vacío. Encaja con el mismo patrón que ya vimos al analizar el crecimiento de las universidades privadas en España: un servicio público que no da abasto y un sector privado que crece para llenar ese hueco, con quien puede pagarlo.

También está directamente relacionado con la pérdida de poder adquisitivo de los españoles: pagar una segunda vez por algo que ya pagas con impuestos solo es una opción real si tu economía lo permite. Y con el reto demográfico de fondo: a medida que la población envejece, la presión sobre el sistema público de salud —y sobre las pensiones, como analizamos en pensiones frente al salario mínimo— solo va a crecer.

¿Hacia dónde va esto?

No creo que estemos ante el fin de la sanidad pública en España, sigue siendo universal y la eligen mayoritariamente millones de personas cada día. Pero sí ante un sistema de dos velocidades cada vez más asentado: quien puede pagar un seguro accede rápido a especialistas y pruebas, y quien no puede, espera. Y ese reparto silencioso, poco a poco, normaliza algo que hace veinte años hubiera sonado extraño: que tener una sanidad pública universal no sea suficiente para no necesitar, además, una privada.


Publicado el 10/09/2026 / 4 minutos de lectura / Análisis