Qué gana un país cuando la mujer puede trabajar en igualdad de condiciones

De vez en cuando circula la idea de que la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral ha sido mala para la sociedad. Vaya por delante mi postura: apoyo la igualdad de oportunidades para trabajar, y este análisis no pretende ser otra cosa que eso, un análisis. Un país donde toda su población en edad de trabajar puede hacerlo es, según los datos, un país más avanzado. Vamos a ver por qué.

La foto global: cuánto PIB se deja sobre la mesa

Según McKinsey Global Institute, las mujeres generan hoy en torno al 37% del PIB mundial pese a representar cerca de la mitad de la población del planeta. Cerrar esa brecha no es un ejercicio teórico: el propio informe calcula que igualar la participación laboral femenina al ritmo del país que más ha mejorado en cada región añadiría 12 billones de dólares (un 11%) al PIB mundial. De ese potencial, el 54% vendría solo de que más mujeres se incorporen al mercado laboral; el resto, de reducir la brecha en horas trabajadas y de que accedan a sectores más productivos.

País por país, la cifra cambia mucho

El FMI ha calculado el efecto concreto de igualar la tasa de participación laboral femenina a la masculina en varias economías: +5% de PIB en Estados Unidos, +9% en Japón, +12% en Emiratos Árabes Unidos y +34% en Egipto. Cuanto más amplia es la brecha de partida, mayor es el margen de crecimiento. En las economías emergentes y en desarrollo, el FMI estima que cerrar esa brecha podría añadir alrededor de un 8% al PIB en pocos años.

No es un fenómeno abstracto ni exclusivo de países lejanos: es aritmética de mercado laboral. Cuantas más personas capacitadas quedan fuera del mercado de trabajo, menos capacidad productiva tiene un país, y esto vale igual si el motivo es el género que si fuera cualquier otro.

El caso español, en cifras del INE

En España, la tasa de empleo femenino alcanzó el 47,9% en 2025, tras subir 4,8 puntos entre 2020 y 2025. Ese año hubo 10.350.575 mujeres ocupadas, un 3% más que en 2024. La brecha de género en el empleo se ha reducido en el mismo periodo, de 11,1 a 10 puntos, aunque sigue sin cerrarse. Es una tendencia clara y sostenida, no un pico puntual: cada punto que se recorta de esa brecha es, según la evidencia del FMI y McKinsey, PIB que antes se perdía.

¿Y la natalidad?

Es el argumento que más se repite en contra: que la mujer trabajando fuera de casa explica la caída de la natalidad. Ya analizamos la crisis de natalidad y envejecimiento en España, y el dato no sostiene esa relación de forma tan directa. Los países nórdicos combinan una de las tasas de participación laboral femenina más altas del mundo con una fecundidad que no se ha hundido como en el sur de Europa, según recoge la OCDE: la diferencia está en la política de conciliación (permisos parentales, escuela infantil pública), no en si la mujer trabaja o no. De hecho, el sur de Italia combina una participación laboral femenina muy baja con una fecundidad muy parecida a la del norte del país, donde las mujeres trabajan mucho más.

La caída de la natalidad en España tiene causas mucho más documentadas -precariedad, vivienda, retraso de la maternidad- que la incorporación de la mujer al mercado laboral. Achacársela a eso es una correlación cómoda, no una explicación respaldada por los datos.

La conclusión que dejan los números

Ningún país se ha vuelto más pobre por dejar trabajar a la mitad de su población en igualdad de condiciones. Los datos apuntan justo en la dirección contraria: cuanta más gente capacitada participa en el mercado laboral, más crece la economía. Un país que aprovecha todo su talento disponible, sin descartar a nadie por su género, es sencillamente un país más avanzado.


Publicado el 21/09/2026 / 3 minutos de lectura / Análisis